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domingo, 4 de enero de 2015

Querido diario.

Que la poesía pague los destrozos.
ESCANDAR ALGEET.

No pudimos saber si lo estábamos haciendo bien. No podíamos porque daba igual lo mucho que intentáramos hablar que no eramos capaces de entendernos.
Supongo que ya no importa demasiado.
Querido diario.
Es estúpido porque ni te quiero ni eres un diario... pero sí, querido diario,
hace mucho que no escribo y como ya me dijo alguien que pasaría creo que ya no volveré a escribir. Me quedé seco de todo porque yo nunca fui un gran escritor ni mucho menos un poeta y no es modestia, de verdad. Simplemente lo veía en los ojos de la gente cuando me escuchaban recitar, en sus aplausos fáciles y apagados.
Supongo que se nace siendo mediocre en algunas cosas y destacado en otras y que ya encontraré donde destacar. De momento creo que es hora de sacarle partido a mis ausencias en la terapia y a mis noches de Johnny Cash en los auriculares. Ni siquiera sabía si se escribía auriculares, he tenido que buscarlo.
Supongo que se me acabaron las ganas de ver apagarse las farolas de Madrid, de dejar de buscar la simpatía de la gente. Que nuca supieron mirarme y no se dan cuenta de que me voy a evaporar. Será que es cosa de jóvenes inmaduros, de sucedáneos, pero, ya ves, aunque solo sea un poco sí que dependo de ellos.
Ahora mismo solo me apetece irme a dormir pero tengo demasiado de algo dentro del pecho que sé que no, que mi estúpido descontrol horario se acabará yendo con la suya. Así que hago como que escribo con la esperanza de ordenar todo esto un poco. Solo soy un loco demasiado poco importante y de verdad, no te  preocupes, que estoy bien. Bien.
Debería escaparme de todo, empezar a atar los cabos sueltos y destensar las cuerdas de mi yo. Abrir otro cajón de la mesa y guardar la historia de como nos hicimos poco a poco pequeños. Y si hablo en plural es un grito de protesta porque no es injusto que haya gente que nazca siendo azul,
y debería serlo.
Querido diario,
fuiste un castigo.
Que la poesía pague los destrozos de mi espalda versada a latigazos. Vuestras palabras se me clavan en la piel como puñaladas candentes y joder, no era mi culpa. Quitarme esta soga del cuello o tirar de una vez de la palanca del patíbulo que no quiero quedarme en esta vida con olor a nicotina por muy perfecto que sea mirarte.


Nacho Rodríguez, en 3 de enero de 2015.