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miércoles, 14 de enero de 2015

Otro estúpido poema sobre el metro.

La estación de metro. Ella, con su pequeñez, sus camisetas y sus pulseras. Eterna mirada al andén y un andar desconfiado. El cuaderno, en riste. El boli, apunto de explotar en el bolsillo.
Se para.
Se sienta. Abre el cuaderno por la esquina doblada y desenfunda el boli. Es un boli de esos de tinta líquida, de los que se deslizan suaves sobre el papel y tienes que esperar a que se seque para no emborronarte la vida de azúl. O negro. Ella prefiere escribir en negro. Hoy, el boli es negro.
Mira la hoja en blanco.
Titubea.
Escribe:
poema
suicida.
Otro estúpido poema sobre el metro. 


en el vagón de esta papelera a ruedas
cuentas conmigo 
hasta el cero.

Levanta la mirada del cuaderno y sus ojos se cruzan con el minutero que indica la llegada del próximo tren.
"Siete minutos".

Escribe.
Me valdrían siete minutos para cubrir tu corazón de cicatrices a mi nombre. De hacerte escribir siete libros de poesía a base de suspiros.

Se ríe para si. Bueno, en realidad no llega a reírse. Ni siquiera a sonreír. Es solo un amago, una carcajada que se queda en intento. La hace sentirse bien, así, con todo su laísmo. Un poco de calor entre tanto invierno.

Ojalá tú.

Lo tacha con una sola línea.

Ojalá yo. 

Ya no sonríe.
Levanta la mirada. La gente empieza a acumularse en el andén y esperan impacientes a que llegue el tren. Unos chicos ríen unos bancos para allá.
Igual él podría ser un de esos.
Empieza a negar con la cabeza pero se detiene. Alguien la está mirando y aunque para ella siempre ha sido algo muy normal siente que la creen loca. Él siempre decía que no lo hiciera.

Escribe.
Cuidado, frágil. 

Cuando se da cuenta está a punto de llorar.
Recuerda un verso: "Esta es la historia de un derrumbamiento"
Ve caer una lágrima al cuaderno.

Escribe.
Páginas de sal y tinta.

Que ironía que "Fuerte" y "Frágil" empiecen con la misma letra.
Escribe.
Yo fui fuerte, pero no lo suficiente como para aguantar las embestidas de tu corazón de piedra. Ahora vivo entre las ruinas que ha dejado tu presencia.

Levanta la mirada. Tanto aguantarse las lágrimas ahora está moqueando. El tren está a punto de efectuar su entrada en la estación. Tacha todo lo que ha escrito.
Ahora su cuaderno es un tachón enorme. Un dolor enorme.

Escribe. Yo no sé escribir poesía.
Se levanta bajo el ruido del tren momentos antes de entrar en la estación.
Pasos largos.
Deja caer el cuaderno en el andén.
Nadie muere por amor, se reprocha.
Pero ya ha tomado impulso, que idiota.
Se escucha un grito.



domingo, 4 de enero de 2015

Querido diario.

Que la poesía pague los destrozos.
ESCANDAR ALGEET.

No pudimos saber si lo estábamos haciendo bien. No podíamos porque daba igual lo mucho que intentáramos hablar que no eramos capaces de entendernos.
Supongo que ya no importa demasiado.
Querido diario.
Es estúpido porque ni te quiero ni eres un diario... pero sí, querido diario,
hace mucho que no escribo y como ya me dijo alguien que pasaría creo que ya no volveré a escribir. Me quedé seco de todo porque yo nunca fui un gran escritor ni mucho menos un poeta y no es modestia, de verdad. Simplemente lo veía en los ojos de la gente cuando me escuchaban recitar, en sus aplausos fáciles y apagados.
Supongo que se nace siendo mediocre en algunas cosas y destacado en otras y que ya encontraré donde destacar. De momento creo que es hora de sacarle partido a mis ausencias en la terapia y a mis noches de Johnny Cash en los auriculares. Ni siquiera sabía si se escribía auriculares, he tenido que buscarlo.
Supongo que se me acabaron las ganas de ver apagarse las farolas de Madrid, de dejar de buscar la simpatía de la gente. Que nuca supieron mirarme y no se dan cuenta de que me voy a evaporar. Será que es cosa de jóvenes inmaduros, de sucedáneos, pero, ya ves, aunque solo sea un poco sí que dependo de ellos.
Ahora mismo solo me apetece irme a dormir pero tengo demasiado de algo dentro del pecho que sé que no, que mi estúpido descontrol horario se acabará yendo con la suya. Así que hago como que escribo con la esperanza de ordenar todo esto un poco. Solo soy un loco demasiado poco importante y de verdad, no te  preocupes, que estoy bien. Bien.
Debería escaparme de todo, empezar a atar los cabos sueltos y destensar las cuerdas de mi yo. Abrir otro cajón de la mesa y guardar la historia de como nos hicimos poco a poco pequeños. Y si hablo en plural es un grito de protesta porque no es injusto que haya gente que nazca siendo azul,
y debería serlo.
Querido diario,
fuiste un castigo.
Que la poesía pague los destrozos de mi espalda versada a latigazos. Vuestras palabras se me clavan en la piel como puñaladas candentes y joder, no era mi culpa. Quitarme esta soga del cuello o tirar de una vez de la palanca del patíbulo que no quiero quedarme en esta vida con olor a nicotina por muy perfecto que sea mirarte.


Nacho Rodríguez, en 3 de enero de 2015.