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lunes, 23 de noviembre de 2015

Tus huellas lucen bonito cuando no estás.



Te fuiste antes de que nadie pudiera llegar a entenderte,
entraste sin ninguna deferencia hacia mi orden
y te dejaste todas tus incongruencias en mis bolsillos.

Que corrías en la dirección opuesta
que barrías todas las migas de pan que fui dejando en el camino,
así
deliberadamente,
como gritándole al dios con el que creciste
que podías ser algo más que lo que dicen los libros.

Te fuiste antes de decirme cual era el camino de vuelta
y quemé todos los cuadernos que escribía
con la excusa de hacerte señales de humo.

Me hundí en un lodazal de confidencias
esperando a que me sacaras del barro
porque no me diste tiempo a entender que no venias para quedarte.

Que te creías garabato,
porque cada vez que preguntabas
nadie se había fijado en lo húmedo de tu nombre.
En todas esas baldosas que lucen ahora tu huellas,
orgullosamente maltrechas,
descalzas.

Te fuiste y todavía nadie sabe si fue porque te dieron demasiada cuerda
o te aburriste de conquistar trincheras.
Si es que alguien traspasó tus secretos con un hierro candente sin saber que quemaba en la punta
y eras demasiado orgullosa para lucir cicatriz.

Pero el caso es que te fuiste
y ahora
no hay novela para esta distopía,
no hay fracaso que arregle este desastre.


lunes, 6 de julio de 2015

Llueve.


"Las penas no se quitan follando"


Llueve,

Joder si llueve.
Y aquí no llueve sobre mojado, llueve sobre barro.
Quién me iba a decir que es tan fácil resbalarse en el mismo charco sin siquiera dar dos pasos.

Si algo nos falta son pasos, que son muchas estaciones ya viendo los mismos adoquines
Que no hay otoño para tanta primavera y a mi lo que me mata es la alergia,
que se me escapa un poco de mi con cada estornudo
O un poco de ti.
Deja de descargar tu olor en todas las terrazas de Madrid
que por muy bajo tierra que haya estado
no siempre viene bien acabar en las nubes.
Y mucho menos si llueve.

Y joder, llueve.


lunes, 22 de junio de 2015

Tatuajes.

Señoría, yo no quiero vivir.
No por gusto, por desacato. Porque vivirse está sobre valorado.
Porque no tengo motivo, razón o móvil para continuar con esta tragicomedia.
Porque eso es lo que soy, lo que somos.
Una puta broma.
Señoría, me decido por el patíbulo
a riesgo de morderme la lengua
que aun así
queda mucho más romántico.

Voy a probar a grabarme vuestras rabias
y que vuestras palabras me sangren en la espalda
hasta que se corra la tinta.
Que bien tienen que sonar
las cuerdas de la guitarra
con las manos pintadas de poesía.

No uséis vuestra doble moral conmigo
que sé
que vosotros también lo habéis pensado.
Que bien se tiene uno que sentir
cuando muere por las letras
-como Lorca ahogado en el tintero-.
Y es que, joder,
vais a ser algo más que un poema
tatuado en la piel nueva de una antigua herida,
porque, al fin  y al cabo,
también sois el que tatúa.







Este intento de poema, que se parece más a mis tripas puestas en orden y con comas que a un poema, es el texto que he mandado al Proyecto Ilustraversos dirigido por la ilustradora valenciana Nieves Ponce ( @nievesponce_ ). Mola mucho y os animo a que le echéis un ojo. Ale. cambio y corto.

jueves, 26 de marzo de 2015

Poéticamente incorrecto.

"Odio cuando el grupo deja de tocar y tienes que pensar
en lo que harás el resto de tu vida"
Ray Loriga.

Hoy me ha dicho que no sabe nada de mi. Que no sabe a que aspiro ni cuales son mis metas. Mi proyecto de futuro.
Me ha llamado egocéntrico y me ha preguntado que si admiro a alguien.
Le he dicho que sí. Que a Ray Loriga.
Y que tú no lo entiendes porque no escuchas a Bob Dylan. Porque te has olvidado de quién es Lou Reed y no sabes que el bajista de los Sex Pistols fue un tío al que mataron por no tener dinero y querer pasarselo bien y luego prostituyeron su historia con una película.
Le he dicho que quiero apurar la gasolina de un coche viejo por una playa abandonada, con la música a todo volumen y suficiente cerveza como para mantenerme borracho durante un año entero. Que quiero vivir en todas partes pero sin quedarme en ningún sitio el tiempo suficiente como para que logren etiquetarme. Le he dicho que perdí la cuenta de las veces que he mirado a alguien preguntándome si será ella quien me salve la noche. Y que es jodidamente perfecto que la respuesta sea siempre que no porque no me importa beberme la cerveza caliente.
Dentro de algunos años, habrá otro que lo vea de otra manera por mi (yo no quiero vivir más años de los que pueda contar con una mano). No tendré que pensar en ninguna niña tonta que se esconde con otro que, irremediablemente, no la merece. Y dejaré de escribir porque al fin y al cabo, nunca he sabido hacerlo.




jueves, 26 de febrero de 2015

Entrañas.

A veces saco mis entrañas y las pongo a escribir.

Escriben al azar, sin orden ni cometido, sobre las cosas que me pasan.

Sobre si me duele aquí o si me duele ahí. Sobre ella y sobre ellos.

Yo les enseño las letras
la uve y la eme no pueden ir juntas porque no están echas la una con la otra y aquí hay unas normas  que aunque sean letras y a nadie le importe una mierda, se deben cumplir. También les enseño que, a veces, se ponen comas.
Supongo que si escribiese un diario lo llamaría entrañas aunque supongo también que no sería capaz de guardar un diario.
Los diarios son para las personas que sienten
y yo ahora sólo soy ese dolor en el pulmón derecho que me tiene que ver un médico
no vaya a ser que sea otra vez neumonía. 
Soy ese corte de línea 
sin orden ni cometido
(por entrañas)
que hay a lo largo y ancho de este blog maltrecho y adjetivado. 

A veces saco mis entrañas y las pongo a escribir

y las dejo escribiendo sobre las cosas que me pasan
sin orden ni cometido.

miércoles, 14 de enero de 2015

Otro estúpido poema sobre el metro.

La estación de metro. Ella, con su pequeñez, sus camisetas y sus pulseras. Eterna mirada al andén y un andar desconfiado. El cuaderno, en riste. El boli, apunto de explotar en el bolsillo.
Se para.
Se sienta. Abre el cuaderno por la esquina doblada y desenfunda el boli. Es un boli de esos de tinta líquida, de los que se deslizan suaves sobre el papel y tienes que esperar a que se seque para no emborronarte la vida de azúl. O negro. Ella prefiere escribir en negro. Hoy, el boli es negro.
Mira la hoja en blanco.
Titubea.
Escribe:
poema
suicida.
Otro estúpido poema sobre el metro. 


en el vagón de esta papelera a ruedas
cuentas conmigo 
hasta el cero.

Levanta la mirada del cuaderno y sus ojos se cruzan con el minutero que indica la llegada del próximo tren.
"Siete minutos".

Escribe.
Me valdrían siete minutos para cubrir tu corazón de cicatrices a mi nombre. De hacerte escribir siete libros de poesía a base de suspiros.

Se ríe para si. Bueno, en realidad no llega a reírse. Ni siquiera a sonreír. Es solo un amago, una carcajada que se queda en intento. La hace sentirse bien, así, con todo su laísmo. Un poco de calor entre tanto invierno.

Ojalá tú.

Lo tacha con una sola línea.

Ojalá yo. 

Ya no sonríe.
Levanta la mirada. La gente empieza a acumularse en el andén y esperan impacientes a que llegue el tren. Unos chicos ríen unos bancos para allá.
Igual él podría ser un de esos.
Empieza a negar con la cabeza pero se detiene. Alguien la está mirando y aunque para ella siempre ha sido algo muy normal siente que la creen loca. Él siempre decía que no lo hiciera.

Escribe.
Cuidado, frágil. 

Cuando se da cuenta está a punto de llorar.
Recuerda un verso: "Esta es la historia de un derrumbamiento"
Ve caer una lágrima al cuaderno.

Escribe.
Páginas de sal y tinta.

Que ironía que "Fuerte" y "Frágil" empiecen con la misma letra.
Escribe.
Yo fui fuerte, pero no lo suficiente como para aguantar las embestidas de tu corazón de piedra. Ahora vivo entre las ruinas que ha dejado tu presencia.

Levanta la mirada. Tanto aguantarse las lágrimas ahora está moqueando. El tren está a punto de efectuar su entrada en la estación. Tacha todo lo que ha escrito.
Ahora su cuaderno es un tachón enorme. Un dolor enorme.

Escribe. Yo no sé escribir poesía.
Se levanta bajo el ruido del tren momentos antes de entrar en la estación.
Pasos largos.
Deja caer el cuaderno en el andén.
Nadie muere por amor, se reprocha.
Pero ya ha tomado impulso, que idiota.
Se escucha un grito.



domingo, 4 de enero de 2015

Querido diario.

Que la poesía pague los destrozos.
ESCANDAR ALGEET.

No pudimos saber si lo estábamos haciendo bien. No podíamos porque daba igual lo mucho que intentáramos hablar que no eramos capaces de entendernos.
Supongo que ya no importa demasiado.
Querido diario.
Es estúpido porque ni te quiero ni eres un diario... pero sí, querido diario,
hace mucho que no escribo y como ya me dijo alguien que pasaría creo que ya no volveré a escribir. Me quedé seco de todo porque yo nunca fui un gran escritor ni mucho menos un poeta y no es modestia, de verdad. Simplemente lo veía en los ojos de la gente cuando me escuchaban recitar, en sus aplausos fáciles y apagados.
Supongo que se nace siendo mediocre en algunas cosas y destacado en otras y que ya encontraré donde destacar. De momento creo que es hora de sacarle partido a mis ausencias en la terapia y a mis noches de Johnny Cash en los auriculares. Ni siquiera sabía si se escribía auriculares, he tenido que buscarlo.
Supongo que se me acabaron las ganas de ver apagarse las farolas de Madrid, de dejar de buscar la simpatía de la gente. Que nuca supieron mirarme y no se dan cuenta de que me voy a evaporar. Será que es cosa de jóvenes inmaduros, de sucedáneos, pero, ya ves, aunque solo sea un poco sí que dependo de ellos.
Ahora mismo solo me apetece irme a dormir pero tengo demasiado de algo dentro del pecho que sé que no, que mi estúpido descontrol horario se acabará yendo con la suya. Así que hago como que escribo con la esperanza de ordenar todo esto un poco. Solo soy un loco demasiado poco importante y de verdad, no te  preocupes, que estoy bien. Bien.
Debería escaparme de todo, empezar a atar los cabos sueltos y destensar las cuerdas de mi yo. Abrir otro cajón de la mesa y guardar la historia de como nos hicimos poco a poco pequeños. Y si hablo en plural es un grito de protesta porque no es injusto que haya gente que nazca siendo azul,
y debería serlo.
Querido diario,
fuiste un castigo.
Que la poesía pague los destrozos de mi espalda versada a latigazos. Vuestras palabras se me clavan en la piel como puñaladas candentes y joder, no era mi culpa. Quitarme esta soga del cuello o tirar de una vez de la palanca del patíbulo que no quiero quedarme en esta vida con olor a nicotina por muy perfecto que sea mirarte.


Nacho Rodríguez, en 3 de enero de 2015.