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miércoles, 12 de noviembre de 2014

Deja de llorar, o de gritar o de odiarme.



"Creo que al final he acabado por escribir demasiado y no decir nada.
Perdona, me he dejado llevar.
Deja de llorar, corazón, o de gritar o de odiarme, ya no sirve de nada,
todo eso no sirve para nada."
RAINBOWS.

Me habría gustado contarte que ya tampoco podía dormir, que me pasaba horas y horas soñando con los ojos abiertos, imaginando un despertar de infancia a las ocho de la mañana, pero me había olvidado de tu número de teléfono y había estado marcando al azar esperando que la suerte me devolviera tu voz y con tu voz volviera tu rostro y tus manos y tu olor y que volviésemos a sentirnos como lo hacíamos antes. El tiempo cura las heridas, me dijeron. Pero el tiempo no es tiempo si lo pasas, inerte, con la mirada ahogada en el pasado. Que hacía mucho que ya no daba cuerda al reloj de la pared y se había estancado en cualquier hora suelta, probablemente de madrugada, cuando todo sucede más lento. Deberías saber que no todo pasó como crees, que no fue tu culpa, que ya venía de fábrica y que tú sólo me hiciste darme cuenta de que tenía cortados los frenos, que iba de cabeza al desastre y que me llevaría a todo el que se me cruzase en el camino. Y además, el estar solo tampoco estaba tan mal, me daba tiempo a escribir, pero como lo hacía antes, diciéndolo todo en pocas lineas. Y me daba tiempo para pensar y siempre tuve las ideas más claras que ninguno otro, aunque fuesen estúpidamente dolorosas