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lunes, 6 de octubre de 2014

31 and falling

En serio, burlarme como siempre habéis hecho. Repudiadme, ignorarme y huir por que os quiero y lo odio. Odio la suma, odio el conjunto, odio vuestras sonrisas beodas, odio a los reflejos, a los idiotas y a los narcisistas. Odio a los ridículos, odio a los generosos y los ignorantes. Odio a los que corren a esconderse de ellos mismos.

Tengo que contar que la vida funciona por altibajos y desde que existo se consume en números rojos. La tortilla olvidó como darse la vuelta y nos morimos de asco quemándonos siempre por el mismo lado, pateando las emociones como balones de fútbol, encajando palabras como puños.

Tengo que contar que mis noches dejaron de ser noches cuando las pasé despierto tres veces seguidas, cuando las almohadas se acostumbraron a saber a sal y las gasas gangrenaron mis heridas. A través del reflejo deduzco mi condición maleante de hijastro del demonio, error, condón pinchado, despropósito y desfigurado hijo no deseado de Dios. Está latente la humildad de mis pupilas envueltas en un egoísmo de color verde tan rabioso como el rojo de mi sangre. 





Vuelvo a suplicar retrospección al mundo, vuelvo a odiar mis manos y sus finas y débiles muñecas, vuelvo a maldecir cuando escribo. Raspo lo que queda del dulce bote que quiso ser el año pasado y que se quedó pegado a la tapa y todos saben que siempre me ha dado asco chupar el envase. Que nunca fui de los que se quedan con las migajas.
Soltarme, sabéis que no os necesito, que lo que llevo dentro está arrancado del infierno.
Dejadme morir tranquilo, hacer el mal y sembrar mi pánico. Vomitar la corrupción de mis entrañas ambiciosas en mi más absoluta soledad. Sufrir el silencio de vuestra jodida indiferencia y la lástima de los que antes fueron alguien...

Dejad que sepa que no os merezco.