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martes, 22 de abril de 2014

Cirugía emocional.

-Se me olvidó, lo siento.

Al otro lado del teléfono no me creo lo que oigo. Tus palabras mezcladas por el ruido de la calle y las risas de tus amigos suenan en mis oídos con una falsedad de la que, creía, carecías. Tu tono de voz, tan cruel e indiferente, expresa lo que ni siquiera es una excusa bien fundamentada. Te oigo hablar con alguien, te ríes. Eso tampoco me lo creo. Creo que voy a explotar de un momento a otro.

-Entiendo que te enfades.

Cada palabra que pronuncias es como un pinchazo que me recorre todo el cuerpo. No puedo dejar de pensar en que a mi no se me habría olvidado porque cuando una persona me importa no dejo que se me olvide.
Hoy decido que me desentiendo de ti y de todo tu tú.
Hoy doy un paso.
Que te quiera no importa.
Que me muera, tampoco.
Son daños colaterales.


Cuando llego a casa quemo todas las cosas que llevan tu nombre, no te las mereces. No te mereces nada. El valor de los poemas es proporcional a lo que siento por ti, si lo quemo es porque también puedo matar esa sensación.
 -Ya era hora -pienso mientras "El final de las palabras" se consume en el fuego.