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martes, 29 de abril de 2014

A mi manera.

No puedo contar la cantidad de veces que retorciste mi corazón aquella noche,
no puedo describir cuando dejé que tú, mi utopía, salieras vencida
y cogiese yo el bus al extrarradio
dejando esa luz.

No puedo, no puedo, no puedo...
si pudiese, escribiría poesía.

Y te explico; que yo no quiero amor ni toda esa mierda
yo solo te quiero a ti, a ti, a ti, y si eso es amor
pues le cambiamos el nombre
y le ponemos alcohol o merienda.

Que la cerveza siempre hace en mi
que lo pinte todo de rosa
y no sé que tienen las botellas
o tus ojos de atlántico,
que aun no siendo azules, sabes que son del mar
y que me pertenecen.

Y que si esta vez te escribo a ti,
otra vez la escribo a ella
y si es problema que tenga que aclarar ante tus besos
todo lo que no aclaro ante el espejo,
te dejo marchar.

Que mi hombro no está hecho
para ser un muro de lamentos,
y lo siento por adelantado
que no voy a ser capaz de
querer tenerte entera,
y lo siento;

que si te quiero, es a mi manera.



martes, 22 de abril de 2014

Cirugía emocional.

-Se me olvidó, lo siento.

Al otro lado del teléfono no me creo lo que oigo. Tus palabras mezcladas por el ruido de la calle y las risas de tus amigos suenan en mis oídos con una falsedad de la que, creía, carecías. Tu tono de voz, tan cruel e indiferente, expresa lo que ni siquiera es una excusa bien fundamentada. Te oigo hablar con alguien, te ríes. Eso tampoco me lo creo. Creo que voy a explotar de un momento a otro.

-Entiendo que te enfades.

Cada palabra que pronuncias es como un pinchazo que me recorre todo el cuerpo. No puedo dejar de pensar en que a mi no se me habría olvidado porque cuando una persona me importa no dejo que se me olvide.
Hoy decido que me desentiendo de ti y de todo tu tú.
Hoy doy un paso.
Que te quiera no importa.
Que me muera, tampoco.
Son daños colaterales.


Cuando llego a casa quemo todas las cosas que llevan tu nombre, no te las mereces. No te mereces nada. El valor de los poemas es proporcional a lo que siento por ti, si lo quemo es porque también puedo matar esa sensación.
 -Ya era hora -pienso mientras "El final de las palabras" se consume en el fuego.

jueves, 10 de abril de 2014

Caos.

Me escondo.
Me escondo porque si salgo, me pierdo.

Me pierdo.
Me pierdo en un laberinto de personas, de palabras que cortan y siegan todo atisbo de integración. Lo envenenan con pesticidas que me carcomen por dentro y hacen de mi tan solo un envoltorio. Una mísera cáscara sin nada que ofrecer más que un perpetuo vacío con faltas de ortografía. Sin bálsamo para las heridas.

Heridas.
Heridas que cubren de pecho para abajo dejando al descubierto entrañas corrompidas por la envidia. Bajo el brazo marcas de la ausencia y la presencia de cierta compañía. Atiende a las pullas que cada una tiene su rastro, su significado, su linea de rojo viril que marca la diferencia en lo que estaría bien y lo que desafortunadamente (o no) está mal.

Mal.
Mal es el fumar. El rajar. El sol de primavera. Mal es escribir en verde, en azul, en rojo o en negro. Mal es escribir, sin más. Mal es mal. Mal es malvado, maléfico, malechor, malversado... Mal es coserse los ojos y no dejar de vomitar la ablución. Sacarse las coníferas de la nariz cuando algún estúpido comentario de aliento me da alergia, cuando atronas mi cabeza sin nicotina de mentiras demasiado ciertas para presentarte a mis padres. Mal es fingir y las mangas largas. No soy valiente.

No soy valiente.
No soy valiente si la vida funciona a base de retos. Complejo de taxidermista sin pies ni cabeza, (o cabeza sin pies) os eructo en esta posición para siempre porque me dan miedo los cambios y necesito rutina para poder volverme loco. Que expresarse es de poetas y yo solo soy juntaletras.

Juntaletras.
Juntaletrassinmótivoparaseguirescuchando. Metapolosoidos.









Caótico.

Átame
los
pulgares
que
no
tengo
manera
de
seguir
escribiendo.


















jueves, 3 de abril de 2014

El final de las palabras.

Y es raro que sea yo, al final, quien carga con la culpa. Y no me importa perder tú valor aunque no tenga otra manera de salir a flote. Y no me importa. Porque hace mucho que dejé de querer que todo saliera bien y no hace tanto que perdí en este juego. Y si tienen que ser que así sea porque no me figuro una vida normal sin derrumbarme cada noche y que ninguna palabra de aliento me anime a continuar.
No fue hace mucho cuando aún tenía tu atención, cuando querías continuar con esto y te olvidaste del juego de niños que luego se convirtió. Y si es hoy cuando me doy cuenta de que solo quisiste que todo saliera bien. Y es que, si lo pienso, puede que no sea el que está echo para que todo le salga bien y perdiste el tiempo. Por que yo nunca fui él, ni tú, ni nadie. Yo solo fui yo y ese fue mi error aunque aprendieras que no todo es perfecto en esta vida.
Son los detalles los que hacen de esto importante porque si te quiero no es que te quiera, es como lo hago. Y si después de tanto no eres nada y yo soy nadie y tú nombre sigue sangrandome y apareciendo escrito en boli azul en la mesa de la clase de Lengua o en los márgenes de mi cuaderno no te lo echo en cara, porque eres lo que eres y eso te hace ser tú. Y si no fueses tú yo no hubiera conocido esto. Todo esto en lo que me he convertido que al fin y al cabo, no está tan mal. Que aunque pierda la cabeza por algo tan tú como lo eres tú a lo mejor, incluso, vale la pena, y por eso no me importa. Y por eso no voy a dejar de insistir porque si lo dejará no sería tan importante y mi cabeza está a punto de soltar las riendas. Escribe ahora su carta de suicidio y dedica sus últimos momentos a ti y a todo tu tú. Por que para eso vale todo esto. Por ti. Por tú.