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miércoles, 26 de marzo de 2014

En otro cajón de Madrid.

Harto ya de tanta princesa de largo,
en busca de príncipes de sudaderas rojas
y pantalones por las rodillas.

Harto de que hagas seis kilómetros de trenza
para que suba hasta tú ventana
y te rapes al cero cuando casi estoy llegando.

Por qué si intento saciar tu apetito con mis labios atrofiados
por el desuso
te encierras en otro castillo de arena.

Deja que te quite la corona de oro
y te cubra entera con mis sábanas.
Que hace mil días que te conozco
y hace mil días que me muero.

Creo ser el único que escribe poemas con tu nombre,
no me dejes con las ganas.

Que tienes que deducir mi estado de ánimo
que de eso va el juego.
Tú me engañas con sonrisas falsas y tus fotos de un cuarto de cara.
Y yo te miento con miradas pícaras y mangas largas.

Deja que escriba tu nombre como carta de suicidio, que soy genocida de mis pensamientos a base de dolores de cabeza.
De guardar tu foto, sin llave,  en el cajón de la mesa.

Que me levanto en cuatro horas y no encuentro las palabras
para despedirme de ti.
Que ya está todo dicho, que no me voy a repetir.
Que si te arrepientes algún día de lo que pasó,
puedes encontrarme en un nicho, en otro cajón de Madrid.