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martes, 25 de febrero de 2014

Hablando solo.

<-El gusano que me carcome quiere cambiar de aires, por qué no te lo guardas tú, lo sientes y luego vienes a explicarme qué es la empatía->

Hablando solo, parte I.

¿Queréis saber la verdad?
Pues no.
He aprendido a callarme cuando me lo piden
Y aun así, eso deja más  verdades que decir.

Después de demasiadas cervezas
para tan poca sangre malgastada,
son solo unos sucios comentarios
demasiado profundos para nadie.

Porque demasiado es la palabra.

Huye, como rata ante una escoba.
Por que eso es lo que eres.
                       lo que eras.
                       lo que serás.
Una rata ante una escoba. Una escoba con mi nombre.

Esclava de tu propia ingenuidad, de tu ironía. De tu fantasía.
Bajo palabras de 140 caracteres camuflo todo lo que no fui capaz de decirte o lo que no fuiste capaz de escuchar.
Con cuatro rollos de dinamita
en mi pecho, soy suicida.
Y exploto en nuestro muro de la vergüenza.

Y quise irme y no me dejaste
y quise quedarme y me echaste.

Y ahora, en la línea de tu presencia
escribo en la noche, embotado por alcoho
ahogado en penas.

Alguna vez quise que un sábado a las
 2:41 de la noche, alguien me preguntara.
Y nadie lo hizo.

Y yo, sin nisiquiera tu aliento en mis recuerdos
¿Qué soy yo?

No más que unas letras
y una fotografía de carné.
Una fotografía de un corazón ingrato e iracundo
Unas letras que rezan: "Te quiero,
                                    te quise,
                                    te querré".

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Hablando solo, parte II: 

Tan simple tu historia y tan llena de recortables de fuego la mía.
Línea roja y fina de un dolor poco hecho.
Ansiedad excpluida y peligrosa.
Cada sílaba de tu nombre grabado al rojo en mis venas.
Tres en el reloj de esta madrugada de este sábado amargo.
Cada palabra que minuto a segundo escribes en tu cerebro anónimo.
Mi agua salada en el sueño de tu mejilla.

Siento que quererte resultó fácil.
Siento que fue fácil también dejar de hacerlo.
Lo difícil fue, entonces, querer no querer quererte.

Ojalá que me leas.
Ojalá que me leas y no me entiendas.
Y quieras entenderme,Por que descubrirás la inmensidad de todo esto
y quemaremos juntos el filtro de tus ojos.
Y sepas que no deseo que me quieras,
solo que te enamores, y entonces sufras.

Las 3:15 horas. Tanto tiempo que gastar pensando en tu pupilas.
Como un lienzo pintado con oro abrupto, escondido y peligroso.
De pincel de pelo de princesa muerta hace ya 3:19 horas de la madrugada de este sábado sin sostenido.

Cuento las vidas que quedan para verte bajo un cielo de mil estrellas apagadas.
Y las cenizas de esa venda que la comadrona te puso al nacer.

Y yo no dejo de preguntarme por qué no dejas de mirarte las manos
y prestas atención a mis labios que hace ya 17 años que se pudren.


N.R.