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martes, 4 de febrero de 2014

Cirugía emocional: Amalgama.

Dios, necesitaba escribir alguna falsedad por ahí. Entre mi extraña afición a ponerme canciones tristes y la de fijarme en la vida de los demás acabo deprimido la mayor parte de la semana.
Cualquiera diriía que no lo hace aposta, que su reproductor aleatorio de música es muy oportuno. Yo no. Mi aleatorio no tiene una mierda que ver. Soy yo quien busca, descarga y selecciona las canciones. Soy yo el dueño de mi estado de ánimo. Creo que me gusta deprimirme. Y me asusta. Seguro que no es sano
¿Es sano?
No, seguro que no, seguro que no, seguro que no...
Como dijo Emma; solicitaré una cirugía emocional.


 Muchas veces siento esa imperiosa necesidad de escribir Es como un impulso. Cientos de ideas aparecen derepente ante mis ojos pero a la hora de ponerme ante un papel en banco es como si todas esas palabras intentasen salir todas a la ez por un espacio demasiado pequeño y se amontonan a su alrrededor. Y se forma un tapón.
Miles de emociones pueden decidirse a salir en el momento menos oportuno. Sentimientos que por alguna estúpida razón he estado guardando . Escondiendolos. Evitando reconocer siquiera su existencia. El baúl de las emociones está depronto a rebosar pero yo, tan impropio de la realidad, cierro los ojos e intento encajar una más, siempre una más. Y siempre veo como el baúl explota y cual caja de pandora expulsa mis sentimientos a fuera, todos a la vez. Todos a la vez. Todos.
Y entonces: amalgama.