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miércoles, 13 de noviembre de 2013

Su/ociedad.

De pequeño había un chico en mi clase.
Se llamaba G.
Yo iba todos los Viernes a su casa.
Lo pasábamos bien.
Siempre esperábamos juntos el Viernes, deseosos de ser libres de nuevo.
Como cada semana.

Un año, una vana excusa sustituyó aquellas tardes de oro: "Este año, los viernes ya no puedo quedar"

Ese mismo año un chico nuevo llegó al colegio.
Se llamaba Á.
El chico no tardó en integrarse y rapidamente se hizo amigo de G.
Y resultó que yo no le caía tan bien. Resultó que yo era el pesado que le seguía a todas partes.
Entonces G ya no quedaba conmigo.
Y yo podía ver como Á y G quedaban todos los viernes.
Y yo en casa. Y mi madre me preguntaba que si ese día no quería quedar y yo no decía nada.
Me daba vergüenza reconocerle que ya no tenía amigos.

Luego me cambié de colegio.

En este cole nuevo conocí gente. Amigos, en un principio.
Pero las cosas fueron cambiando.
Y mis amigos conocieron a un tio. J.
J se hizo muy amigo de mi grupo
A mi no me caía bien y discutíamos a menudo.

Un día la cosa fue a más y nos distanciamos.

Mis amigos eligieron un bando
Ahora, cuando mi madre me pregunta por que no salgo ese fin de semana, no contesto.
Me da vergüenza reconocerle que ya no tengo amigos.