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sábado, 6 de abril de 2013

Anoche volví a dormir.

Anoche volví a dormir, bueno, en realidad volví a llorar y después, volví a dormir. Supongo que me desahogue ¿Cuánto llevaba sin llorar? ¿Meses? No lo sé, el caso es que mucho tiempo me gusta llorar. Tampoco se por que... Siento que no debería, que no lo merezco. Pero ayuda. Bueno, ayuda si lo haces solo, no me gusta llorar en público. Te encuentras abrazándote a las piernas, moqueando y mordiendo las sabanas para no gritar. Cierras los ojos, ahogas un gemido y como estás solo y a oscuras, dejas que las lágrimas corran libres y veloces por la cara. Luego, después de una, dos o incluso tres horas llorando, con los ojos hinchados por las lágrimas y ya más tranquilo, te recostas intentando pensar en otra cosa. Te arropas de mala manera con las sabanas mojadas por las lágrimas a la espera de que un sueño apacible te aborde y te alivie.

Yo soy así, pero resulta que por la mañana, ya despejado y recuperado, me siento mal. No me gusta llorar, pero para dormir, hay que llorar.