Se ha producido un error en este gadget.

lunes, 6 de junio de 2016

Nada a nadie.


No sé cuántos poetas serían capaces de interpretar la integridad logística de una emoción:

Las calles están cubiertas de cenizas.
Las luciérnagas envidian a las estrellas.
La ventana de tu habitación no es sólo una vía de escape.
Hay una bola de plomo en mi estómago
que no me deja comer
ni respirar
ni dormir.
No podría vomitar una disculpa aunque quisiera.
Y no quiero.

Tiene unos pulmones de esparto, que se cascan, se deshacen como la ceniza entre los dedos. En su pecho ya no se oye el latir de nada
ni el retumbar de nada
ni el revolotear de nada.

Sus costillas hacen de escalera hasta sus clavículas profundas: asideros malditos, mástiles curvados en pos de un Ulises que jamás huirá de las sirenas. 

Hay un eco apesadumbrado: el asombroso levitar de un poema haiku que nunca sale pero que está ahí, ocupando espacio entre sus intestinos. Relamiéndose entre las paredes de su estómago, besando la incesante noche de su cuerpo.

Soy culpable de no entender
de no fingir cuando había que fingir
-y de fingir cuando no había que hacerlo-
tengo arcadas de conciencia
aunque no podría vomitar una disculpa aunque quisiera.
Y, a veces, quiero.





jueves, 19 de mayo de 2016

Tinta y mierda.

"...romperme donde se rompen las olas".

Hoy he pensado mucho en mi.
En todo ese cinismo
al que me he visto obligado a abrazar.
Que no es que me haya dado cuenta de nada
pero me habría tirado desde un noveno sin dejar de sonreír
para poder salir bien en las fotos.

Salí del hueco escondido de mis costillas
para regodearme entre tus miedos
y acabar solicitando una cirugía emocional.

Fumo para limpiarme los pulmones de oxígeno
Fumo para no respirar lo mismo que vosotros
Fumo por esos días en los que me doblé en la acera
con arcadas de vómito seco
y aun así,
he matado más canciones que cigarros.

La curvatura de mis nudillos
el despojo, mis ojeras, mis muñecas delgadas
y llenas de cicatrices,
mis ojos vidriosos por las drogas,
mi cabeza pastosa, mis mangas largas, mis poemas...

no me representan.
Cuántas cartas le he escrito a mi cabeza desde este punto del planeta.

Mi silencio es el más libre, el más constante.
Crecí meciendo un silencio sintético,
inevitándolo entre vuestros gritos de sorpresa
cada vez que cerraba los ojos.

Cada vez deseo más romperme,
romperme y restregar mis pulmones de tos y caricias
por las paredes de un mundo que ya no quiero.
Abarcar entre mis brazos todo el valor que me falta
y tumbarme en la orilla a dejarme morir
porque no soportaría vivir más que vosotros.




miércoles, 24 de febrero de 2016

Morir en el intento.

- Te tenía clichado, ¿eh?
- Tenías clichada a la raza humana
- Hmm... es posible
- Seguía creyendo que me salvarías la vida... incluso después de eso.

ETERNAL SUNSHINE OF THE SPOTLESS MINE.  

En el marco azul gris que tiene Madrid alguien ha pintado tu nombre. Destaca entre todos los nombres que hay pintados en Madrid porque el tuyo tiene una tonalidad distinta, como extranjera, como si denotara un "no soy de aquí" implícito,
y te lo dijera así,
con es acento cantarín con el que liabas los cigarros y me decías "deja de fumar, que te vas a morir", sin saber que yo me hacía un poquito más inmortal. Alguien ha pintado tu nombre en Madrid porque era imposible que no acabaras dejando tu huella en todos los pasos de cebra. Que caminabas como un terremoto desde Atocha hasta Nuevos Ministerios y normal que no pudiera seguirte el ritmo, que debería dejar de fumar, que me voy a morir.
Al final me pillabas mirándote de lejos y me decías qué, como si no supieras que me tenías clichado, que tenías clichada a la raza humana. Y no pasaba nada, "sobrevivo", te decía. Pero fingir que no importa da dolor de cabeza.
Y no pasa nada.

Cuántos kilómetros has recorrido hoy, extranjera, en cuántos columpios te has sentado a descansar. Que alguien ha pintado tu nombre y se ve desde tu hueco preferido del retiro. "Imagínate que nos cae una rama encima", dijiste. Pero cómo no te va a caer, maldita sea, si Madrid tiembla cada vez que piensas
en marcharte. 



lunes, 23 de noviembre de 2015

Tus huellas lucen bonito cuando no estás.



Te fuiste antes de que nadie pudiera llegar a entenderte,
entraste sin ninguna deferencia hacia mi orden
y te dejaste todas tus incongruencias en mis bolsillos.

Que corrías en la dirección opuesta
que barrías todas las migas de pan que fui dejando en el camino,
así
deliberadamente,
como gritándole al dios con el que creciste
que podías ser algo más que lo que dicen los libros.

Te fuiste antes de decirme cual era el camino de vuelta
y quemé todos los cuadernos que escribía
con la excusa de hacerte señales de humo.

Me hundí en un lodazal de confidencias
esperando a que me sacaras del barro
porque no me diste tiempo a entender que no venias para quedarte.

Que te creías garabato,
porque cada vez que preguntabas
nadie se había fijado en lo húmedo de tu nombre.
En todas esas baldosas que lucen ahora tu huellas,
orgullosamente maltrechas,
descalzas.

Te fuiste y todavía nadie sabe si fue porque te dieron demasiada cuerda
o te aburriste de conquistar trincheras.
Si es que alguien traspasó tus secretos con un hierro candente sin saber que quemaba en la punta
y eras demasiado orgullosa para lucir cicatriz.

Pero el caso es que te fuiste
y ahora
no hay novela para esta distopía,
no hay fracaso que arregle este desastre.


lunes, 6 de julio de 2015

Llueve.


"Las penas no se quitan follando"


Llueve,

Joder si llueve.
Y aquí no llueve sobre mojado, llueve sobre barro.
Quién me iba a decir que es tan fácil resbalarse en el mismo charco sin siquiera dar dos pasos.

Si algo nos falta son pasos, que son muchas estaciones ya viendo los mismos adoquines
Que no hay otoño para tanta primavera y a mi lo que me mata es la alergia,
que se me escapa un poco de mi con cada estornudo
O un poco de ti.
Deja de descargar tu olor en todas las terrazas de Madrid
que por muy bajo tierra que haya estado
no siempre viene bien acabar en las nubes.
Y mucho menos si llueve.

Y joder, llueve.